El
Realismo literario es una corriente inventada por el escritor y contertulio francés
Jules Champfleury (
1821-
1889), quien por primera vez definió su arte como
realista. El realismo literario se halla inscrito de un movimiento más amplio que afecta también a las artes plásticas, al cine (
Neorrealismo), a la
fotografía (que surge con el siglo XIX), y a la
filosofía de la ciencia (
Karl Popper y
Mario Bunge). Las obras realistas pretenden testimoniar documentalmente la sociedad de la época y los ambientes más cercanos al escritor, en oposición a la estética del
Romanticismo, que se complacía en ambientaciones exóticas y personajes poco corrientes y extravagantes. La estética del Realismo, fascinada por los avances de la
ciencia, intenta hacer de la literatura un documento que nos pueda servir de testimonio sobre la sociedad de su época, a la manera de la recién nacida
fotografía. Por ello describe todo lo cotidiano y típico y prefiere los personajes vulgares y corrientes, de los que toma buena nota a través de cuadernos de observación, a los personajes extravagantes o insólitos típicos del anterior
Romanticismo. Esta estética propugna a su vez una
ética, una moral fundamentada en la moderación y síntesis de cualquier contradicción, la objetividad y el
materialismo.
En cuanto a los procedimientos literarios del Realismo, son característicos el abuso de la descripción detallada y prolija, enumeraciones y sustantivos concretos; el uso del párrafo largo y complejo provisto de abundante subordinación, la reproducción casi magnetofónica del habla popular, tal cual se pronunciaba y sin corrección alguna que pretenda idealizarla, y el uso de un estilo poco caracterizado, un lenguaje "invisible" que exprese personajes, hechos y situaciones objetivamente sin llamar la atención sobre el escritor.
Al igual que el
Romanticismo, el Realismo tuvo dos corrientes, una conservadora, que alababa las viejas costumbres populares (
José María de Pereda,
Juan Valera,
Gustave Flaubert) y otra progresista, caracterizada por la denuncia social (
Benito Pérez Galdós,
Leopoldo Alas «Clarín»).
Características
Los rasgos fundamentales del Realismo son los siguientes:
- Procura mostrar en las obras una reproducción fiel y exacta de la realidad.
- Hace un uso minucioso de la descripción, para mostrar perfiles exactos de los temas, personajes, situaciones e incluso lugares; lo cotidiano y no lo exótico es el tema central, exponiendo problemas políticos, humanos y sociales.
- Rechaza el sentimentalismo, muestra al ser humano objetivamente pues da toques de una realidad dura.
- El lenguaje utilizado en las obras es coloquial y crítico, ya que expresa el habla común y corriente.
- Así como rechaza lo sentimental, de igual forma lo espiritual, dando como resultados toques individualistas.
- Las obras muestran una relación mediata entre las personas y su entorno económico y social, del cual son exponente; la historia muestra a los personajes como testimonio de una época, una clase social, un oficio, etc.
- Temas relacionados con los problemas de la existencia humana.
- El autor analiza, reproduce y denuncia los males que aquejan a su sociedad.
- Transmitir ideas de la forma más verídica y objetiva posible.
- En pocas palabras el realismo pretende reflejar la verdad tal y como es.
Evolución del realismo europeo
El origen del realismo literario europeo hay que buscarlo en la
literatura española medieval y la
novela picaresca española y, en concreto, en la versión que configuró sobre esa tradición el novelista
Miguel de Cervantes. El desmitificador modelo cervantino influyó poderosamente en la literatura europea posterior, pero el descrédito por el que pasó el género narrativo durante el
siglo XVIII aplazó su influjo europeo hasta bien entrado el
siglo XIX, salvo en el caso de Inglaterra, que en el siglo XVIII comenzó su propio realismo de la mano de
Henry Fielding y
Tobias Smollett, y del que buena parte de los escritores realistas posteriores son deudores...
La novela realista europea viene a ser la
épica de la
clase media o burguesa que ha conseguido —a lo largo de sucesivas revoluciones que le han ido confiriendo cada vez mayor poder (
1789,
1820,
1830 y
1848)—, instalarse como clase dominante en todos los aspectos de la vida, incluido el cultural y el estético. Los ideales burgueses (materialismo, utilitarismo, búsqueda del éxito económico y social) irán apareciendo en la novela poco a poco, y en su fase final también irán apareciendo algunos de sus problemas internos (el papel de la mujer instruida y sin embargo desocupada; el éxodo del campo a la ciudad y la mutación de valores subsecuente, por ejemplo). Por otra parte, cuando se vayan reiterando y agotando los temas relativos a la burguesía, la descripción realista irá penetrando en otros ámbitos y dejará la mera descripción externa de las conductas para pasar a la descripción interna de las mismas, transformándose en
novela psicológica y generando procedimientos narrativos introspectivos como el
monólogo interior. Todo ello posibilitó la aparición de movimientos en cierta manera opuestos, como el
Espiritualismo, por un lado, visible en la última etapa de narradores realistas como
Benito Pérez Galdós,
Fiódor Dostoievski y
León Tolstói, y el
Naturalismo, por otro, que exageraba los contenidos sociales, documentales y científicos del Realismo, aproximándose a la descripción de las clases humildes, marginadas y desfavorecidas.